El accidente del Concorde fue el principio del fin de un avión que representó a la perfección el lujo de una época. Viajar de Londres a Nueva York en poco más de tres horas, no estaba al alcance de cualquiera. Lo ocurrido la tarde de este martes en el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle con el Concorde de Air France, matrícula F-BTSC, que despegaba con destino a Nueva York-John F. Kennedy, cambiaría el rumbo de los vuelos supersónicos. La aeronave alcanzaba una altitud de entre 15.000 y 18.000 metros (el techo de vuelo de un avión comercial se sitúa aproximadamente en los 12.000), lo que permitía observar la curvatura de la Tierra. Todo en su diseño estaba pensado para alcanzar la máxima velocidad posible. Su forma aerodinámica con el morro extremadamente alargado impedía, no obstante, la correcta visión de los pilotos durante el despegue o el aterrizaje, así que los ingenieros desarrollaron un morro que se inclinaría mediante un sistema hidráulico. El...
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